Hoy desperté temprano y con sueño. La ducha no contribuyó a despertarme completamente, solo a prolongar el estado de sueño. Salí dispuesto a un largo viaje al trabajo, como todos los días, pero, ¡caramba! el auto no estaba en el estacionamiento. ¿Robado? ¿Mal estacionado? Mis preguntas no tenían respuesta. Tras un largo momento de indecisión, recuerdo: mecánico, reparación larga, día sin auto. ¡Uf! Transantiago a la vista. Atravieso hasta el paradero y me siento a dormitar. Viene el bus articulado, gigantesco, lleno de gente dispuesta a aumentar el sacrificio que implica el trabajo diario, subiendose a uno de esos monstruos articulados de trayectos largos, lentos y apretados. Me subo con dificultad por la puerta delantera y continúo con sueño. El calor lo aumenta momento a momento y llegamos al fin, tras una hora de desplazamiento dormitado al fin de mi viaje. Desciendo y despierto.
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