Wednesday, July 22, 2015

Borges



Es probable que Borges no sea un santo de la devoción de muchos que buscan denuncia de los males que aquejan la vida en común de los hombres. Eso es cierto.Sin embargo, no se puede decir que las descripciones que hace de las formas de convivencia, descripciones propiamente tales, sin tomar partido, sin juzgar, no son sino piezas maestras de la narrativa latinoamericana, unas piezas en las que aparecen no solo personajes en una trama apasionante, sino detalles costumbristas (¿Será el término apropiado?), motivos, conductas, relacionamientos y conflictos que reflejan la vida de la Argentina decimonónica y por extensión latinoamericana, con viveza extraordinaria. Quiero llamar la atención sobre un cuento en especial, que forma parte de "El Aleph", cuyo título es "El inmortal". Lo hago porque fué el causante de que un antiguo y dificultuoso proyecto mío, de esos que avanzan a tropezones semana a semana, mes a mes, pero nunca adquieren forma definitiva, finalmente se precipitara hasta convertirse en el primer cuento formal que logré escribir. Trata de la (para mi) insensata búsqueda de la inmortalidad, de la ilusión de la vida eterna, de la juventud mantenida con ayuda de alguna fuente de la juventud o un medio provisto por la ciencia. Ese tema lo estaba explorando en mi proyecto sin, como decía, lograr un resultado eficaz. Me llamó la atención una frase, que fué precisamente la que desató mi creatividad y me permitió llagar a un final satisfactorio (para mi) y concretar el cuento del que les hablo.

Esa frase, que me dió vueltas mucho tiempo y me impresionó fuertemente, es la que sigue: "Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal." (Borges, El Inmortal)

Ya pronto publicaré este cuento que ha tenido escasa suerte en los concursos a los que lo he presentado, pero, francamente, me sigue pareciendo un excelente cuento.Mientras tanto, los remito a una página con la biografía de Jorge Luis Borges y al cuento "El Inmortal

"http://www.literatura.org/Borges/"

"http://www.literatura.us/borges/inmortal.html"

Adios

Caminamos juntos de la mano, sin hablar. El tránsito por la calle era intenso y el olor a gasolina quemada invadía todo el sector. Un gigantesco bus articulado del Transantiago nos impidió cruzar la siguiente calle. Esperamos siempre en silencio, para seguir luego caminando tomados de la mano. Finalmente, una pequeña placita triangular, llena de verde y árboles frondosos se abrió ante nosotros. Entonces, cuando pasábamos por ella, nos miramos en silencio aún, soltamos las manos y ambos hicimos un gesto compungido. Era el mejor espacio para decirnos adiós para siempre.

Transantiago


Hoy desperté temprano y con sueño. La ducha no contribuyó a despertarme completamente, solo a prolongar el estado de sueño. Salí dispuesto a un largo viaje al trabajo, como todos los días, pero, ¡caramba! el auto no estaba en el estacionamiento. ¿Robado? ¿Mal estacionado? Mis preguntas no tenían respuesta. Tras un largo momento de indecisión, recuerdo: mecánico, reparación larga, día sin auto. ¡Uf! Transantiago a la vista. Atravieso hasta el paradero y me siento a dormitar. Viene el bus articulado, gigantesco, lleno de gente dispuesta a aumentar el sacrificio que implica el trabajo diario, subiendose a uno de esos monstruos articulados de trayectos largos, lentos y apretados. Me subo con dificultad por la puerta delantera y continúo con sueño. El calor lo aumenta momento a momento y llegamos al fin, tras una hora de desplazamiento dormitado al fin de mi viaje. Desciendo y despierto.

Mirándote.


Tú te sientas alegre, risueña, libre y espontanea. Inicias una conversación que se trepa por los sueños, que crea risas e instala un ambiente cautivador entre los dos. Es tu carisma: cautivar sin proponértelo.
Yo te miro y disfruto de mirarte. Es lo increíble de estar contigo: mirarte.

Este cuentito lo escribí para mi amiga AMPP a quien quiero mucho y que siempre ha tenido un lugar en mi corazón.

Calor y Combo 3




Ayer en la tarde salí caminando apurado de la oficina. Atravesé corriendo la Alameda con luz amarilla, mientras una horda de autos rugía lanzándose hacia mí, dispuestos a cortarme el paso sin contemplación. Pero alcancé a llegar sano y salvo. Al calor ambiente producto de un sol implacable, se agregó otro, debido a mi esfuerzo por no ser arrollado.
Entré en un local de comida rápida atendido por unos adolescentes espinilludos y flacuchentos y con mi bandeja en la mano, solo encontré asiento en una mesa ya ocupada por una morena de busto pronunciado y curvas exageradas que me miró fijo con unos ojos negros enormes: el calor se me hizo insoportable y consumí toda la Coca Cola con hielo que formaba parte del Combo 3.


In my father's court

En una incursión a una librería de usados, me encontré a boca de jarro con este librito de Isaac Bashevis Singer, Premio Nobel de Literatura 1978 , una colección de relatos marcados por una humanidad exquisita, que narran la vida infantil y adolescente del autor, pero desde la mirada de la "corte" de su padre, un Rabbí del barrio judío pobre de Varsovia en el período previo e inmediato a la Primera Guerra Mundial. La "corte" era en realidad el hogar donde el Rabbí Singer, padre del autor, administraba con sabiduría los preceptos de los libros sagrados a los eventos de la vida de la comunidad hebrea que vivía en el barrio en el que estaba ubicada Koshmalma N° 13, lugar en que vivían los Singer. Lo interesante de esta función no escriturada en ningún texto legal, era que el Rabbí actuaba a solicitud de los afectados: personas, parejas o contendientes y al emitir un fallo recibía un pago, generalmente modesto. De modo que era pagado por servicio prestado, pero ese servicio tenía que ver con interpretar la voluntad de Javeh y aplicar la ley judía al caso que se le presentaba. El Rabbí Singer era un personaje tradicionalista, educado en los libros sagrados, preparado toda la vida para ser Rabbí. Consecuentemente, la familia vivía en un nivel muy modesto, por ejemplo sin renovar su vestuario por años, con el mínimo de bienes materiales y siempre recibiento los pagos por la cancelación de sus servicios religioso judiciales. La descripción vívida, humana y sensitiva de los personajes, particularmente el Rabbí y la madre merecen estar entre los clásicos de los relatos humanistas. El libro está constituidopor 50 relatos cortos, cada uno agregando un matiz humano y cultural del mundo en que se desenvuelve y el hogar en el que vive el autor. La madre aparece como una convencida pero a la vez pragmática madre de familia judía, que manda en las cosas del hogar mientras su esposo dedica su tiempo al estudio de los textos sagrados y la aplicación de la ley judía a los casos solicitados. El joven Singer, un avispado niño primero y adolescente después es un observador atento de los hechos de su familia, del barrio judio y de cómo los hechos nacionales - vivian en una Polonia que era parte de la Rusia zarista - impactan en la vida de ese medio que llegaba a su fin y que desaparecería brutalmente con la represión nazi de 1939 - 1945. La sola dificultad que presenta la obra es que en su origen se escribió en yidish para luego ser traducido al inglés. Pero así y todo, es una obra recomendable para quien tenga un razonable dominio del Inglés.